Días después, doña Carmen llegó al despacho con una cesta de bizcochos caseros y lágrimas en los ojos.

Pilar aceptó la cesta y respondió con su habitual tono seco, pero con una ligera temblor en la voz:

—Señor notario, ¿por qué redactó dos versiones del testamento si solo una fue notificada a mi clienta?