Fue entonces que recordó: la noche anterior, antes de irse, había usado la del Excel para ajustar el bono de productividad. Cansado, la había guardado… en su escritorio personal, no en la carpeta compartida. Bajó las escaleras de dos en dos, encendió su vieja PC de casa y allí estaba: el archivo "Planilla_Octubre_Final.xlsx".
El lunes, cuando todos recibieron su sueldo justo, nadie supo del susto. Solo don Gregorio, al cerrar el cajón, le susurró a la planilla impresa: —Nunca más te dejo sola.
Pero un viernes, al abrir el cajón, la planilla no estaba.